Ninguna de ellas sería buena. O quizá sí; no me acuerdo de ninguna, pero la costumbre es asumir lo peor. Intento controlarlas, o al menos ser consciente de la experiencia misma, pues por ahí he leído que la lucidez puede tener su utilidad terapéutica. Y cualquier ayuda me vale a estas alturas. Tumbado en la cama, cuento números hasta el aburrimiento pero no hasta desconectar, e intento relajar mi cuerpo pero este confunde quietud con rigidez (ugh…). Aburrido y agarrotado, en algún momento ya avanzado de la noche acabo por dormirme.
Sé que he soñado muchas cosas hoy aunque no me acuerde de ninguna.
Se las sabe todas. Y tampoco me pasa ni una, así que las discusiones son constantes. Y engorrosas, y, aunque silenciosas, extenuantes también, porque tampoco yo estoy nunca por la labor de ceder. Pero no hay otra: no entrar al trapo tiene pinta de ser la más escalofriante y finalmente violenta de las pocas vías de acción disponibles.
Cualquier atisbo de tranquilidad se refugia muy río arriba. Y aquí abajo solo llegan aguas enturbiadas por contraproducentes e inmisericordes hábitos. (Mi parcelita es gris, gris, gris, gris, gris.)
Son inclinaciones compositivas incorregibles. Son patrones de comportamiento disonantes. Son tensiones insostenibles y decisiones poco inteligentes. Algo tengo que estar haciendo muy, muy mal, y antes hacia dentro que hacia fuera.
Los significados se multiplican. Lunes, martes, miércoles… Pronto me espera la ferocidad del viernes para insuflar luz en lo poco que pueda sobrevivir. Hasta entonces permanezco dentro de los confines de este espacio ingobernable.
Aquí no doy la bienvenida a cualquiera. Y peor para mí: la ferocidad del viernes siempre va acompañada de la más aterradora (aunque colorida) de las soledades.
Asfixiante humareda. Reaparece la sensación de náusea, y con ganas de venganza. No hay escapatoria. No existe fármaco con la potencia suficiente para contrarrestar el malestar. No reconozco ninguna mirada. La preocupación es máxima, y la comunicación con tanto humo de por medio es torpe, torpe, muy, muy torpe.
Apunto la fecha en mi intimidad, tal es la importancia que le confiero.
Es un procedimiento exógeno, y se da muy de cuando en cuando (me pregunto si la salud física y la estabilidad emocional son incompatibles con más cotidianos deleites). Las horas se suceden silenciosas y ágiles; el paso del tiempo siempre me pilla por sorpresa para cuando me canso de bailar. Azules y rosas se confunden entre sí, y me vuelvo a sorprender al descubrir que de la confusión no emerge dolor, sino un placer nítido y excepcional.
Aquí y ahora, no siento miedo.
Da la imagen de una broma pesadísima. Del más germinal de los principios al más definitivo de los finales.
Que alguien me explique qué estamos haciendo y adónde pretendemos llegar.
Y mira que las sirven malas en algunos sitios. Pero buenas o malas, todas son eficaces en adormilar demonios. Temporal y broncamente, por supuesto. (Ya sacaré hueco para arrepentirme mañana.)
Me repito las justificaciones habituales igual que repito mis errores más autodestructivos. Algún día recuperaré el empuje que necesito para corregirme. Excusas. Cobardía. Que me permita olvidar que la salvación jamás vendrá desde fuera es muy preocupante.
(Creo que) lo intento.
Automatizo mi misión. ¿No será lo conveniente cuando se aproxima una crisis? Por primera vez la disposición es la adecuada, pero me veo sin las herramientas o las habilidades necesarias para desprenderme de malestares pasados. Lamentable ejecución, propia de un temperamento inaccesible y una entereza que agoniza.
Entonces, ¿en qué momento? Mi parcelita permanece gris.
Todo va a salir bien.
¿Todo va a salir bien? Prometo una vez más (ya lo hice anteriormente, tras algún otro desliz) que ayer no había bebido en preparación para lo que se me venía encima. Pero qué tontería, enorme y tonta y grande. Cortocircuito cerebral, cerebro frito. Necesita un reseteo de urgencia. Y oxigenarse después. Y sobrevivir pasa por liberarse de pretensiones tiránicas e intransigentes; “tensiones insostenibles”, “decisiones poco inteligentes”. ¿Quién querría envejecer a esta velocidad?
“Y todo probablemente saldrá bien.”
Se fue, se fue, se fue, se fue, se fue, se fue, se fue, se fue, se fue, se fue, se fue, se fue, se fue. Si es que alguna vez pasó por aquí, cualquiera diría que solo la nostalgia y el visible desorden circundante serían capaces de recordármelo. Me enquisto en no perdonarme oportunidades desperdiciadas, aunque lo razonable es pensar que nos volveremos a ver.
Lo razonable es pensar
que nos volveremos a ver.
Que así sea. Encontraré calma. Y del descanso renacerá un familiar pero transformado bienestar.
“Después de haber empezado y abandonado 3847 cuadernos de apuntes/pensamientos/ocurrencias/[ininteligible], estreno este a día 30 de enero de 2015, sin introducciones o explicaciones previas. Una vez terminados los exámenes del primer cuatrimestre disfruto de unos pocos días más relajados para dedicar a la meditación (práctica diaria desde hace 2 o 3 semanas, [ininteligible] emocionales notables), al reposo y a la composición. Estuve ayer trabajando en el nuevo proyecto, ‘Synthetic Improvisations’, que inicié hace unos días con ‘mx7 01’, fruto de tontear con el teclado y de trastear posteriormente con el nuevo Mixcraft 7. Confieso aquí que la principal motivación [ininteligible] proyecto surgió de estar quemado con nunca terminar nada, por falta de tiempo, porque los resultados estuviesen lejos de ser convincentes o por una simple pérdida de interés en el trabajo, de modo que, escudándome en ‘hacer algo siguiendo procedimientos compositivos similares a los del jazz’ –la improvisación, [ininteligible]–, opté por realizar una serie de piezas no excesivamente largas y autoimponiéndome un tiempo de elaboración limitado. ‘Synthetic Improvisations’, si alguna vez ve la luz del día, intentará fusionar el carácter espontáneo de las músicas improvisatorias con la manipulación racional y razonada de la música electrónica: el adjetivo ‘synthetic’ intentará no aludir únicamente a la labor de síntesis tímbrica presente en estas improvisaciones.”
Finalmente, las voces de otros pasarán por encima.














